La cavidad nasal

Written by Dr Oliver Jones

Last updated: noviembre 6, 2025
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La nariz es un órgano olfativo y respiratorio. Está formada por el esqueleto nasal, que alberga la cavidad nasal. La cavidad nasal tiene cuatro funciones:

  • Calienta y humidifica el aire que se inhala.
  • Elimina y retiene los patógenos y las partículas del aire inhalado.
  • Responsable del sentido del olfato.
  • Drena y despeja los senos paranasales y los conductos lagrimales.

En este artículo analizaremos la anatomía de la cavidad nasal: sus divisiones, su estructura y su irrigación neurovascular.


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Divisiones

La cavidad nasal es la parte más superior de las vías respiratorias. Se extiende desde el vestíbulo nasal hasta la nasofaringe y se divide en tres partes:

  • Vestíbulo: la zona que rodea la abertura externa anterior de la cavidad nasal.
  • Región respiratoria: recubierta por un epitelio pseudoestratificado ciliado, salpicado de células caliciformes secretoras de moco.
  • Región olfatoria: situada en el ápice de la cavidad nasal. Está recubierta por células olfatorias dotadas de receptores olfativos.
Corte sagital de la cavidad nasal en el que se aprecian las cornetes nasales en las paredes laterales.

Fig. 1: corte sagital de la cavidad nasal. Los cornetes están presentes en las paredes laterales.

Cornetes nasales

De las paredes laterales de la cavidad nasal sobresalen láminas óseas curvadas. Se denominan cornetes (o conchas nasales). Hay tres cornetes: el inferior, el medio y el superior.

Se proyectan hacia la cavidad nasal, creando cuatro vías por las que circula el aire. Estos conductos se denominan meatos:

  • Meato inferior: situado entre el cornete inferior y el suelo de la cavidad nasal.
  • Meato medio: entre el cornete inferior y el cornete medio.
  • Meato superior: entre el cornete medio y la superior.
  • Receso esfenoetmoidal: situado por encima y detrás del cornete superior.

La función de las conchas nasales es aumentar la superficie de la cavidad nasal, lo que permite que una mayor cantidad de aire inspirado entre en contacto con las paredes de la cavidad. Además, alteran el flujo laminar y rápido del aire, haciendo que se vuelva lento y turbulento. El aire permanece más tiempo en la cavidad nasal, lo que permite que se humedezca.

Corte coronal de la cavidad nasal anterior en el que se aprecian las cornetes y los meatos, sin que se vea el receso esfenoetmoidal.

Fig. 2: corte coronal de la cavidad nasal anterior. El receso esfenoetmoidal se encuentra en la parte posterior y no se aprecia en este diagrama.

Aberturas hacia la cavidad nasal

Una de las funciones de la nariz es drenar diversas estructuras. Por lo tanto, existen numerosas aberturas hacia la cavidad nasal por las que se produce el drenaje.

Los senos paranasales desembocan en la cavidad nasal. Los senos frontales, maxilares y etmoidales anteriores desembocan en el meato medio. La ubicación de esta abertura viene marcada por el hiato semilunar, un surco con forma de media luna situado en las paredes laterales de la cavidad nasal.

Los senos etmoidales medios desembocan en una estructura denominada bulla etmoidal. Se trata de un abultamiento en la pared lateral formado por el propio seno etmoidal medio. Los senos etmoidales posteriores desembocan a la altura del meato superior.

La única estructura que no desemboca en las paredes laterales de la cavidad nasal es el seno esfenoidal. Drena hacia la porción posterior del techo de la cavidad nasal.

Además de los senos paranasales, hay otras estructuras que desembocan en la cavidad nasal:

  • Conducto nasolagrimal: se encarga de drenar las lágrimas del ojo. Desemboca en el meato inferior.
  • Trompa auditiva (de Eustaquio): desemboca en la nasofaringe a la altura del meato inferior. Permite igualar la presión del oído medio con la presión atmosférica.
Diagrama que muestra la pared lateral de la cavidad nasal tras el retiro de los cornetes nasales, en el que se destacan las aberturas de los senos paranasales, el conducto lagrimal y la trompa de Eustaquio.

Fig. 3: se han retirado las cornetes nasales, dejando a la vista las distintas aberturas de la pared lateral de la cavidad nasal.

Relevancia clínica: Propagación de una infección

Dado que la trompa de Eustaquio conecta el oído medio con las vías respiratorias superiores, constituye una vía por la que la infección puede propagarse desde las vías respiratorias superiores hasta el oído. La infección de la trompa de Eustaquio provoca la inflamación de las membranas mucosas, lo que hace que la trompa se obstruya. Esto provoca disminución de la audición.


Accesos a la cavidad nasal

Además de las aberturas para el drenaje de las estructuras, los nervios, los vasos sanguíneos y los vasos linfáticos deben poder acceder a la cavidad nasal.

La lámina cribosa forma parte del hueso etmoides. Forma parte del techo de la cavidad nasal. Presenta perforaciones muy pequeñas que permiten la entrada y salida de las fibras del nervio olfativo.

A la altura del meato superior se encuentra el agujero esfenopalatino. Este orificio permite la comunicación entre la cavidad nasal y la fosa pterigopalatina. Por aquí pasan la arteria esfenopalatina, el nervio nasopalatino y el nervio nasal superior.

El conducto incisivo es un conducto que conecta la cavidad nasal con la fosa incisiva de la cavidad bucal. Atraviesa el nervio nasopalatino y la arteria palatina mayor.


Sistema vascular

La nariz cuenta con una abundante irrigación vascular, lo que le permite regular eficazmente la humedad y la temperatura del aire que se inhala. La nariz recibe sangre tanto de la arteria carótida interna como de la externa:

Ramas de la carótida interna:

  • Arteria etmoidal anterior.
  • Arteria etmoidal posterior.

Las arterias etmoidales son ramas de la arteria oftálmica. Descienden hacia la cavidad nasal a través de la lámina cribosa.

Ramas de la carótida externa:

  • Arteria esfenopalatina.
  • Arteria palatina mayor.
  • Arteria labial superior.
  • Arterias nasales laterales.

Además de contar con un abundante irrigación sanguínea, estas arterias forman anastomosis entre sí. Esto es especialmente frecuente en la parte anterior de la nariz.

Las venas de la nariz suelen discurrir junto a las arterias. Desembocan en el plexo pterigoideo, la vena facial o el seno cavernoso.

En algunas personas, algunas venas nasales se comunican al seno sagital (un seno venoso dural). Esto representa una vía potencial por la que una infección puede propagarse desde la nariz hasta la cavidad craneal.

Ilustración del área de Little y la irrigación arterial de la nariz, en la que se destacan los vasos sanguíneos principales.

Fig. 4: el área de Little y la irrigación arterial de la nariz.

Relevancia clínica: Hemorragia nasal

«Epistaxis» es el término médico para referirse a una hemorragia nasal. Debido a la abundante irrigación sanguínea de la nariz, se trata de un fenómeno habitual. Es más probable que se produzca en el tercio anterior de la cavidad nasal. Esta zona se conoce como área de Kiesselbach.

La causa puede ser local (como un traumatismo) o sistémica (como la hipertensión).

Inervación

La inervación de la nariz se puede dividir funcionalmente en inervación especial e inervación general.

La inervación sensitiva especial se refiere a la capacidad de la nariz para oler. Esto lo llevan a cabo los nervios olfatorios. El bulbo olfatorio, una parte del cerebro, se encuentra en la superficie superior de la lámina cribosa, por encima de la cavidad nasal. Las ramas del nervio olfativo atraviesan la placa cribriforme para proporcionar inervación sensitiva especial a la nariz.

La inervación sensitiva general del septo y las paredes laterales corre a cargo del nervio nasopalatino (rama del nervio maxilar) y del nervio nasociliar (rama del nervio oftálmico). La inervación de la piel externa de la nariz corre a cargo del nervio trigémino.

Vista lateral del tabique nasal en la que se aprecia la relación entre el bulbo olfatorio y la placa cribriforme.

Fig. 5: vista lateral del tabique nasal. Obsérvese la estrecha relación entre el bulbo olfativo y la placa cribiforme.

Relevancia clínica: Fractura de la placa cribriforme

Una fractura de la placa cribriforme puede producirse como consecuencia de un traumatismo nasal. La fractura puede producirse por el traumatismo o secundariamente por fragmentos del hueso etmoides.

Una fractura de la lámina cribosa puede perforar las membranas meníngeas del cerebro, provocando una fuga de líquido cefalorraquídeo. Exponer el cerebro al entorno exterior de esta manera aumenta el riesgo de sufrir meningitis, encefalitis y abscesos cerebrales.

El bulbo olfatorio se encuentra sobre la lámina cribosa y puede sufrir daños irreversibles a causa de la fractura. En este caso, el paciente puede presentar anosmia (pérdida del olfato).

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